martes, 21 de julio de 2015

Recuperando la Singer de mi abuela o la cadena del amor

Con algunas amigas, tenemos una cadena, que a mi me gusta llamar la cadena del amor. Una recibe ropa de su sobrinas, que usará su hija, luego mis hijas, y luego las hijas de mis amigas, en orden de llegada a este mundo. Esta idea de conexión vital, a través del amor, es una forma de continuidad. En casa, con las cosas, es igual. Supongo que un poco por eso, y otro por circunstancias de la vida, mi casa es un puzzle de afectos, plasmados en objetos, grandes o pequeños, valiosos o invaluables. Uno de estos objetos, era la vieja Singer. Pero de estas, en casa, había dos. Una más antigua y maltrecha y otra más nueva y brillante. No se usan para coser, sino para apoyar, como mesas de arrimo, o de cocina. Para quien conozca estas mesas, será sencillo imaginar la incomodidad de esquivar los agujeros o tratar de mantener un plato derecho, en sus desniveles. Finalmente, me decidí a desarmarla y cambiar la tabla. Exploré alternativas en finger, en resina, y demás, hasta decantar por una opción clásica en eucaliptus, lustrado y con el canto curvo. Falta afinar detalles, como la ruedita de hierro faltante, tal vez una alfombra o los asientos que combinen, pero desde ahora, cenamos en familia, con calor de abuela.

Jugando con el coco

Cada vez que vamos al supermercado, las nenas piden que compre un coco. En algún lugar vieron que si se le hace un agujerito, se puede tomar el agua... Esta vez fui sola, y encontré un coco abierto al medio... Sin dudarlo mucho, lo puse en el carrito. Sábado de noche y mano a mano con el coco. ¿Qué se hace con un coco? Como está cortado, no se puede tomar el agua... Las redes sociales son fantásticas... siempre hay alguien que tuvo la buena voluntad de compartir algo que sabe. Así que me zambullí en busca de información para jugar con el coco. Para separarlo de la cáscara: 11 minutos de horno, y separar un poquito los bordes con el cuchillo, como antes de desmoldar una torta, y ¡zás!, sale. Luego pelé la piel marrón, que advierten puede ser indigesta... (Luego me dijo una amiga que es rica... pero era tarde.) ¿Y ahora qué hacemos? Lo olimos, lo tocamos, lo probamos, jugamos con las mitades de coco... "Huele a jabón." "La falta dulce." Estas son las constataciones de mis hijas. Leche de coco, agua de coco, mousse de coco... Primero lo corté chiquito, le puse agua y jarabe de agave y lo llevé a la sartén. Mi objetivo: ablandar el coco y endulzarlo. Generé un agua dulzona y blanquecina, que ahora está en mi heladera. El coco, siguió duro y con sabor "jabón". Descarté la leche de coco, por no ensuciar. Luego metí a la procesadora el coco que me iba quedando y lo procesé. Agregué ahí mismo crema doble, que justo tenía en la heladera. Ahí vamos, mousse! Venía quedando demasiado espesa, y de pronto, se licuó!!!!! La maldición de la crema doble, pasarte del punto! Ideas de Emergencia... tarta! Harina, azúcar y manteca, mezclado a mano, al fondo de la tortera. Huevos a la mezcla de coco y crema doble, un poco de azúcar, y todo al horno. Una vez en el horno es como una cheesecake... va cuajando de a poco y necesita frío. Al otro día estaba firme en la heladera, y para completarlo, le puse chocolate cobertura. Podríamos bautizarlo: itcoco, bombón de coco, maravilla de coco... Delicia de coco!