“¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡Oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto,
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.” (J de Ibarbourou)
En lo que va de mi vida, he anhelado muchas veces la sensación de felicidad total, extática, la que solamente se presenta con la fugacidad de una estrella. Sin embargo, en esa búsqueda y aprendizaje, me fui encontrando con la otra felicidad, la honda y profunda, que más allá de las más tristes o alegres circunstancias, sostiene, da fuerzas para seguir, y construir y reconstruirse, y te reencuentra con la gracia de la vida en los momentos más inesperados.
En ese camino, encontré a Marcelo y sentí con certeza que con él quería seguir el recorrido. Lo conocí hace no tanto tiempo y sin embargo supe muy pronto que era con él con quien quería construir paso a paso el resto de mi vida.
Lo conocí primero a través de su escritura y luego en un encuentro apacible y sin premura. A la ternura inicial se sumó el humor que me lleva a llorar de risa, y la calma con que por momentos me ayudó a comprender cómo me estaba sintiendo simplemente por comprenderlo antes que yo.
Fui encontrándome con una persona inteligente, curiosa, comprometida, talentosa al escribir e imaginar, y alegre cada mañana.
Pero como la vida no es siempre color de rosas, tiene una cualidad que considero invalorable: me contiene, me comprende, me escucha y me abraza cuando no queda otra cosa que hacer.
Despertar cada mañana a su lado y encontrar una sonrisa. Sentir que también nuestros cuerpos se comunican armoniosamente. Lo veo, lo siento, lo intuyo, capaz, sabio, dispuesto a crecer, a confiar, a guiar y dejarse llevar, a amar con entrega, a explorar juntos desde lo más carnal a lo más etéreo, serio en sus desafíos y apasionado por sus gustos.
Todo esto lo hace el hombre más atractivo a mis ojos, el más querible, el hombre a quien amo. Por todo esto, quiero estar con él, y siento orgullo de que él también quiera estar conmigo.
Hoy es un día muy feliz.
Por tu carcajada sonora, y mis ganas de que esa carcajada y tu sonrisa siempre me acompañen. Por tu disciplina, por la profundidad con que asumís tus pasiones, por el entusiasmo y el brillo en tus ojos. Por todo esto, y todo lo que no logro expresar con palabras, sólo quiero imaginarme contigo.

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